viernes, 18 de agosto de 2017

Poniéndonos las gafas de científico social

Hablar de educación no implica sólo estudiar Geografía e Historia, sino también discutir acerca de procesos de socialización, los cuales están ligados a las dinámicas que como seres humanos vivimos dentro de una comunidad. En ésta, no sólo encontramos referentes para una vida futura, sino que también entendemos que el aprendizaje no es estático, sino que, por contrario, se va adaptando a las necesidades del entorno, es decir, que nos movemos junto con el mundo. Tal como funciona el mundo, funciona el Aprendizaje Activo dentro de Icesi, mostrándose como un centro de estudio, donde todas las ideas son bienvenidas.

Soy estudiante de Icesi desde el 2014, y siempre he notado que hay dos cosas que impactan de esta Universidad: i) que sea creada y sostenida por empresarios (sugiero leer sobre el origen de Icesi e Incolda); y ii) que el Aprendizaje Activo sea el modelo educativo de esta alma mater. El último punto conduce al individuo a preguntarse qué esperan de él, más allá de preguntarse qué debería esperar de él mismo. Este modelo educativo se presenta como el redentor dentro de la Universidad, algo incuestionable, inmune a la crítica, pero como toda regla tiene su excepción en cuanto a aplicabilidad y resultados. En Icesi, se le dice al estudiante (especialmente, al primíparo) que el A.A. es necesario para su formación  y autonomía, pero de la misma manera muchas veces se le sanciona o invisibliza cuando va en contra.

No pasa desapercibido cómo en Icesi este método no es totalmente regulado y cómo muchas veces se da por sentado que el trabajo es sólo del estudiante, mientras el profesor toma una actitud pasiva dentro del proceso académico. Todos, como Icesistas, llevamos en nuestro aprendizaje las buenas intenciones de la Universidad, pero se vuelve contradictoria la forma en que el modelo que busca el empoderamiento estudiantil muchas veces reprima (mediante un mal ejercicio del mismo) la actitud crítica del estudiante. En vista de eso, es necesaria una reformulación del mismo, teniendo en cuenta que el objetivo de la Universidad, más allá de implementar su propio modelo de aprendizaje, es brindarle al estudiante las herramientas para enfrentarse al mundo, uno muy diferente al que muchas veces se vende desde la Academia.

Tanto el rector como muchas autoridades hablan del concepto original del Aprendizaje Activo, y es que éste ha enfrentado cambios desde sus inicios, a pesar de que conserva sus fines, entre los que está liberar al estudiante del dogmatismo y fortalecer su autonomía. Estas dinámicas cambiantes me remiten a Ken Bain, quien define a un profesor exitoso como aquel capaz de conseguir peras del olmos, rompiendo las definiciones tradicionales de las materias, y creando un entorno para el aprendizaje crítico natural, de tal manera que el estudiante se prepare no sólo para sobrevivir a la Universidad, sino para sobrevivir a la vida. Bain propone que se le asignen a los estudiantes tareas que los lleven a cuestionar su entorno y las cosas que, gracias al proceso de socialización, mencionado al inicio, han normalizado.

Para finalizar, cabe resaltar los logros del Aprendizaje Activo y la manera en que ha logrado que muchos estudiantes rompan sus propias barreras, pero asimismo no puede dejarse a un lado las inconsistencias que tiene y las contradicciones que genera al no permitir el cuestionamiento de ciertos temas, en algunas áreas del conocimiento. Nuestra misión como académicos es entender que un nuevo modelo pedagógico representa un quiebre en el statu quo de cualquier institución, por lo que debemos estar pendientes de las variaciones que éste genere, y preguntarnos por qué para algunos funciona y para otros no, sin que la misión sea santificar o demonizar ideas ajenas.

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